Archive for the ‘Agricultura’ Category

El mito de la agricultura orgánica

Sunday, September 18th, 2016

Agricultura Ecologica

Los productos orgánicos -desde los alimentos hasta las panaceas para el cuidado de la piel y los cigarrillos- están muy en boga. Supuestamente, sólo el mercado global de alimentos orgánicos hoy supera los 60000 millones de dólares anuales. La Comisión Europea parece compartir las opiniones de los devotos orgánicos: su visión oficial de la agricultura y los alimentos orgánicos es “Si es bueno para la naturaleza, es bueno para usted”. Pero no existen pruebas persuasivas de ninguna de las dos cosas.

Un meta-análisis de datos realizado en 2012 a partir de 240 estudios concluyó que las frutas y las verduras orgánicas, en promedio, no eran más nutritivas que sus pares convencionales más económicas; tampoco tenían menos probabilidades de estar contaminadas por bacterias patógenas como la E. coli o la salmonela -un hallazgo que sorprendió inclusive a los investigadores-. “Cuando iniciamos este proyecto”, dijo Dena Bravata, integrante del equipo de investigación, “pensamos que tal vez habría algunos hallazgos que respaldarían la superioridad de los alimentos orgánicos por sobre los convencionales”.

Mucha gente compra alimentos orgánicos para evitar la exposición a niveles nocivos de pesticidas. Pero ése es un razonamiento escasamente válido. Si bien las frutas y las verduras no orgánicas tenían más residuos de pesticidas, los niveles en más del 99% de los casos no superaban los umbrales de seguridad conservadores establecidos por los reguladores.

Es más, la vasta mayoría de las sustancias pesticidas encontradas en los productos ocurren “naturalmente” en las dietas de la gente, a través de alimentos orgánicos y convencionales. El bioquímico Bruce Ames y sus colegas determinaron que “el 99,9% (por peso) de los pesticidas en la dieta estadounidense son sustancias químicas que las plantas producen para defenderse. Sólo se han detectado 52 pesticidas naturales en pruebas de cáncer animal en altas dosis, y sólo 27 de ellos son carcinógenos de roedores; estos 27 están presentes en muchos alimentos comunes”.

La conclusión es que las sustancias químicas naturales tienen las mismas probabilidades que las versiones sintéticas de resultar positivas en estudios de cáncer animal, y “en las dosis bajas de la mayoría de las exposiciones humanas, los peligros comparativos de los residuos de pesticidas sintéticos son insignificantes”. En otras palabras, los consumidores que compran alimentos orgánicos costosos para evitar la exposición a los pesticidas concentran su atención en el 0,01% de los pesticidas que consumen.

Irónicamente, tanto en Europa como en Norteamérica, la designación “orgánico” es en sí misma una construcción burocrática sintética -y tiene escaso sentido-. Prohíbe el uso de pesticidas químicos sintéticos, con algunas excepciones pragmáticas. Por ejemplo, la política de la UE establece que “reglas previstas de flexibilidad” pueden compensar las “diferencias climáticas, culturales o estructurales locales”. Cuando no hay alternativas apropiadas, se permiten algunas sustancias químicas sintéticas (estrictamente enumeradas).

De la misma manera, en Estados Unidos, existe una extensa lista de excepciones específicas para las prohibiciones. Pero la mayoría de los pesticidas “naturales” -así como el excremento animal cargado de patógenos, para su uso como fertilizante- están permitidos.

Otro razonamiento para comprar orgánico es que, supuestamente, es mejor para el medio ambiente natural. Pero los bajos rendimientos de la agricultura orgánica en ambientes del mundo real -normalmente 20%-25% por debajo de la agricultura convencional– imponen varias exigencias a la tierra de labranza y aumentan el consumo de agua sustancialmente. De acuerdo con un reciente meta-análisis británico, las emisiones de amoníaco, la lixiviación de nitrógeno y las emisiones de óxido nitroso por unidad de producción eran superiores en los sistemas orgánicos que en la agricultura convencional, al igual que el uso de la tierra y el potencial de eutroficación -respuestas adversas del ecosistema a la incorporación de fertilizantes y desechos- y acidificación.

Una anomalía de cómo se define “orgánico” es que la designación en realidad no se centra en la cualidad, composición o seguridad de los alimentos. Más bien, comprende un conjunto de prácticas y procedimientos aceptables que un agricultor piensa utilizar. Por ejemplo, un pesticida químico o polen de plantas modificadas genéticamente que vuela de un campo adyacente a un cultivo orgánico no afecta la condición de la cosecha. Las reglas de la UE son claras: se pueden etiquetar los alimentos como orgánicos siempre y cuando “los ingredientes que contengan organismos modificados genéticamente penetren en los productos de manera no intencional” y representen menos del 0,9% de su contenido.

Para concluir, muchas personas que se sienten seducidas por el romanticismo de la agricultura orgánica ignoran sus consecuencias humanas. El agricultor norteamericano Blake Hurst nos ofrece un recordatorio: “Las malezas siguen creciendo, incluso en policultivos que emplean métodos de agricultura holísticos y, sin pesticidas, la erradicación manual de las malezas es la única manera de proteger un cultivo”. El trabajo pesado y agobiante del desherbado manual suele recaer en las mujeres y los niños.

Por supuesto, deberían existir productos orgánicos para que los puedan comprar aquellas personas que sienten que los deben tener y los pueden pagar. Pero la realidad es que comprar no orgánico es mucho más costo-efectivo, más humano y más responsable en términos ambientales.

*Henry I. Miller, médico y biólogo molecular, es el Robert Wesson Fellow en Filosofía Ciencia y Política Pública en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Fue el director fundador de la Oficina de Biotecnología de la Food and Drug Administration de Estados Unidos y es el autor de La Frankenfood Mito.

 

Fuente artículo: Project Syndicate

Norman Borlaug, el padre de la ‘Revolución Verde’

Monday, September 5th, 2016

No se trataría de algo desorbitado si les dijese que Norman Borlaug fuese el inventor de la agricultura moderna. Para él, la biotecnología era la forma necesaria de aumentar la producción de alimentos sin tener que afectar a otros terrenos, evitando riesgos de erosión, inundaciones catastróficas o disminuir la biodiversidad. Y por eso hemos hecho un pequeño homenaje en forma de video del que hacen llamar ‘padre de la Revolución Verde’.

Borlaug no consideraba a los transgénicos más que una nueva herramienta que busca los mismos fines que las técnicas de mejora tradicional: aumentar los rendimientos o generar variedades más resistentes a las plagas. Pero de manera más eficaz que la selección de semillas convencional.

La agricultura ecológica vuelve a quedar en evidencia

Sunday, September 4th, 2016

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A pesar del triunfalismo que suele mostrar el sector de la producción ecológica y el gran número de ayudas públicas que recibe, los números siguen siendo los que son y demostrando que su aportación al sector alimentario es bastante discreta.

Esto se explica en gran parte por el elevado precio y escasa producción que deja fuera a gran parte de los potenciales consumidores que simplemente no se lo pueden permitir o no tienen acceso a la producción.

Si esta producción es pequeña y cara, es en gran parte por culpa de problemas técnicos. Recordemos que la producción ecológica no es más que aquella que se ajusta al reglamento europeo de producción ecológica, y que este reglamento se basa en la falacia de que algo, por el simple hecho de ser natural, es mejor, es decir, que todo lo que se utilice en el cultivo sea natural. El reglamento contiene aberraciones como aconsejar explícitamente el uso de homeopatía, lo que deja al descubierto su absoluta falta de base científica.

El problema es que con las cosas de comer no se juega, y cuando uno antepone la ideología a la ciencia agronómica el resultado no puede ser bueno. Y los resultados cantan.

Recientemente, dos informes oficiales de la Unión Europea han vuelto a sacar los colores a la producción ecológica. El primero es el resultado de las auditorías llevadas a cabo en 14 países de la Unión Europea sobre el proceso de certificación ecológica que ha puesto de manifiesto graves deficiencias en el proceso. Aunque hay países que cumplen más que otros, la auditoría ha detectado fallos en la comunicación de las irregularidades y en la solución de estas irregularidades, así como importantes diferencias en los controles y que los niveles de riesgo no se consideraban suficientemente. Y claro, si los temas de seguridad alimentaria no se toman con la suficiente consideración, pasa lo que pasa.

Sobre el descontrol que ha puesto de manifiesto la auditoría ya hablé en esta misma columna cuando descubría que un producto no autorizado para uso alimentario había sido certificado como ecológico… que es una certificación de alimentos.

De oca a oca saltamos a otro documento oficial que vuelve a dejar en evidencia a la producción ecológica. La EFSA tiene un sistema de alerta rápida que notifica todas las alertas alimentarias y todas las retiradas de productos alimentarios por problemas de contaminación. Anualmente publica un informe haciendo balance de los problemas de seguridad alimentaria. Y curiosamente la producción ecológica, con menos de un 10% de la producción total, siempre sale en la foto. Este año el informe habla de contaminación por datura (una hierba venenosa por su contenido en alcaloides tóxicos) de cereales para bebé. Suerte que el sistema de alerta rápida es muy eficiente y no tenemos que lamentar desgracias, aunque en Francia la contaminación de productos ecológicos con datura ya provocó seis hospitalizaciones en el 2013. Además de esto, y para no perder la costumbre, también se alerta de una partida contaminada por salmonella de germinados, en esta ocasión, chía.

Fuente: SABEMOS

Los alimentos orgánicos no son más saludables y seguros que los convencionales

Saturday, August 20th, 2016

Los alimentos orgánicos se ha convertido en el sector de más rápido crecimiento de la industria de alimentos en Estados Unidos, con ventas que aumentan de a dos dígitos cada año. Mucha gente que los consume siente como que se está ayudando a sí misma y al planeta.

Pero la verdad es que no hay más beneficios para la salud por comer alimentos orgánicos. Además, es probable que sea peor para el medio ambiente.

No son más nutritivos ni más seguros

Una etiqueta orgánica envía nuestro escepticismo y sentido común por la ventana. En un estudio publicado en Food Quality and Preference los participantes consumieron dos series de productos alimenticios absolutamente idénticos, unos marcados como “orgánicos” y otros que no. Declararon que la comida que creen que es “orgánica” era más baja en calorías y más nutritiva, y estaban dispuestos a pagar un 16% a un 23% más.

De nuevo en 2012, la Universidad Stanford publicó un estudio con resultados de cuatro décadas de investigación que comparó la comida orgánica y regular. Ellos esperaban encontrar pruebas de que los orgánicos fueran nutricionalmente superiores.  Su conclusión“A pesar de la percepción generalizada de que los alimentos producidos orgánicamente son más nutritivos que los convencionales, no hemos podido encontrar pruebas sólidas para apoyar esta percepción”.

Un nuevo estudio, publicado este año en Cogent Food & Agriculture, muestra la misma cosa: “Los resultados de los estudios científicos no demuestran que los productos orgánicos sean más nutritivos y más seguros que los alimentos convencionales”.

Tampoco son mejores para el planeta

“No importa eso”, dirá mucha gente, “Yo no como orgánicos debido a los beneficios para la salud, sino porque me importa el planeta”. Pero esto es todavía más erróneo.

Sí, la agricultura ecológica hará que en un campo un agricultor utilice menos energía, generando menos gases de efecto invernadero y con menos fugas de nitrógeno. Pero tengan en cuenta la imagen más grande: la agricultura ecológica es mucho, mucho menos eficiente que la agricultura regular. El agricultor necesitará más campos para hacer crecer la misma cantidad de productos. No sólo porque por ser orgánico significa menos fertilizantes y más insectos y plagas, sino también porque la tierra tiene que estar vacía o ser plantadas con leguminosas para reconstruir la fertilidad entre los ciclos de cultivo.

Un gran estudio realizado en Europa, publicado en Journal of Environmental Management, encontró que para producir el mismo galón de leche orgánica se necesita 59% más tierra. Para producir carne, se necesita 82% más tierra, y para los cultivos, más de 200%. Eso afectaría a una gran cantidad de bosques y otras extensas áreas de la naturaleza para ser destinadas al cultivo, y todo para sentirse mejor al comprar en el supermercado.

Si la producción agrícola de Estados Unidos fuera totalmente orgánica, significaría que tendríamos que convertir un área más grande que el tamaño de California en tierras de cultivo. Es lo mismo que la erradicación de todas las zonas verdes y tierras silvestres en 48 Estados.

Por otra parte, al comer algo orgánico, serías responsable de casi la misma cantidad de emisiones de gases de invernadero que si se hubieras elegido un producto regular. Esos son los gases que provocan el calentamiento global. Y los productos orgánicos significan más de algunas otras malas cosas ambientales: un 10% más de óxido nitroso, amoniaco y acidificación, al tiempo que contribuye casi un 50% más a la lixiviación de nitrógeno.

No evita el uso de pesticidas desagradables

La agricultura ecológica puede utilizar cualquier cosa y llamarle pesticida natural. Esto incluye también al sulfato de cobre, que la Universidad de Cornell describe como “altamente tóxico para los peces”, incluso a las dosis recomendadas y que ha causado enfermedad hepática en Francia. O piretrina, que es “extremadamente tóxico para los peces”, “altamente tóxico para las abejas”, y se ha relacionado con un aumento en la leucemia entre los agricultores.

Por supuesto, los alimentos convencionales no orgánicos tienen un mayor riesgo de contaminación por plaguicidas. Los cálculos aproximados indican que todos los plaguicidas utilizados en los Estados Unidos podrían causar aproximadamente 20 muertes por cáncer adicionales por año. Ahora bien, eso tiene la misma probabilidad de riesgo anual que una persona corre de ser mutilada a muerte por una vaca.

Si todos en EE.UU. fueran alimentados con productos orgánicos costaría $200 millones de dólares más al año. Este es dinero que no se podría gastar en cosas que importan.

Piensen en los habitantes más pobres del mundo, que necesitan alimentos más baratos, lo que significa una agricultura más eficiente. Se necesita un mejor acceso a los fertilizantes y pesticidas regulados, no menos.

Los compuestos orgánicos no son mejores para su salud, son peores para la naturaleza, y son terribles para los pobres del mundo. Este tipo de agricultura orgánica hace que las personas con más dinero lo gasten para apoyar prácticas agrícolas menos eficientes, y así sentirse mejor acerca de sus opciones de consumo.

La próxima vez que vean una etiqueta orgánica al menos permítanse una dosis de escepticismo sano.

Licencia CC

Fuente: Rebdo.org

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